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Pongamos la Discusión en Contexto, Pensemos Colectivamente

 Por Jorge Sánchez, Columnista Invitado.

 

 

¿Qué hacer para operar ejercicios de diversificación productiva ? Es una pregunta que puede intimidar por lo inmensa. Ciertamente su respuesta y según hemos recorrido, es el resultado de un proceso continuo, que requiere de esfuerzos conjuntos y que gana en credibilidad en la medida que contiene intereses diversos. En tal caso, el primer objeto de atención es el proceso y su legitimidad, antes que sus proposiciones.

Acordando que se extenderá en el tiempo, convenimos que no hay soluciones automáticas, que estas no son consecuencia de la genialidad de nadie y que necesitan de una imagen de futuro que sea común al conjunto. La representación social y el debate como bien comentan nuestros lectores siempre bien advertidos, es la primer consigna a atender, prioritaria y ciertamente no ceñida a las formas tradicionales de participación.

Entretanto, las experiencias que integran el acervo de la cooperación internacional en asuntos de desarrollo territorial, muestran que la diversificación económica en los contextos propios del nuevo siglo es factible ganando en la productividad del sector con ventajas comparativas, a la vez que desplegando inversiones en infraestructuras y bienes públicos. en procesos con fuerte intervención estatal y control social, a lo largo de umbrales de tiempo suficientes a la actualización del patrón de desarrollo territorial.

El incremento en la productividad de las actividades extractivas tiene en sus procesos el principal frente de ataque, y en la transformación digital la herramienta más efectiva. La noción de energía sustentable, segura y digital se universalizó en la industria durante su último período de precios bajos. La integración de tecnología de información y comunicación devino en el concepto de yacimiento digital, que asocia la operación automatizada de activos de producción.

Las operadoras en la región se encaraman en este sentido. Considerando el enorme impacto sobre el capital humano, el desarrollo de nuevos negocios y el empleo, este es un ítem en el que instituciones como las cámaras empresarias, la universidad y algunas organizaciones públicas
especializadas entre otras, han de fijar sus prioridades de formación, investigación, desarrollo y transferencia, de cara al mediano y largo plazo.

Huelga aclarar por ejemplo, el plan estratégico de YPF para los próximos años, que ha comprometido entre otras cosas la digitalización de tramos crecientes de sus procesos de producción y refinación de hidrocarburos, así como de la comercialización de combustibles y lubricantes. De la misma manera el financiamiento empresario tiene en la industria del capital privado una alternativa que se enfoca muy especialmente en el desarrollo de nuevos negocios, tanto como en la expansión de los consolidados. Su exploración en contraste, está pendiente.

Urge ampliar nuestra visión

Desde un punto de vista general, las transformaciones que requiere toda América Latina y El Caribe han implicado la necesidad de involucrar al capital privado en la actualización y el desarrollo de las relativamente pobres infraestructuras y bienes públicos, que faciliten la integración de las economías sectoriales a las cadenas globales de valor, y a los flujos de inversión directa extranjera. Los organismos y banca multilaterales han desarrollado una serie de instrumentos muy poderosos, pero que exigen acuerdos sociales, capacidad técnica y participación de la sociedad civil para tener chance de éxito en el propio financiamiento primero y en las transformaciones sectoriales después, aún cuando se disponga de los instrumentos legales para enmarcar las iniciativas.

En cualquier caso, la acción deliberada y sistemática por promover flujos de inversión hacia la región asocia enormes cuotas de consistencia técnica y acuerdos amplios por llevarla adelante, que no solamente trascienden la inmediatez ó la improvisación; sino que además son el camino idóneo para ambas dimensiones de la diversificación, el incremento en la productividad de las actividades extractivas y la inversión en infraestructuras y bienes públicos.

Ciertamente que el esfuerzo al emprenderlo es afectado en cada coyuntura por las políticas nacionales de inversión y la estabilidad económica. Pero estas circunstancias no invalidan la perspectiva de mediano y largo plazo que el esfuerzo requiere. Por caso, la sensible expectación y prudencia extrema de los círculos y agentes de inversión por la coyuntura argentina, ponen su foco hoy en la dinámica de conflicto y generación de consensos en capacidad del sistema político nacional antes que en consideraciones estrictamente económicas, pues son aquellas la causa eficiente de éstas.
Los principales reparos en estas semanas por la economía argentina en esos círculos del exterior, se focalizan en la transparencia de la gestión de la política económica, la independencia de la justicia argentina, la insistencia excluyente en los enfoques macro y la inestabilidad cambiaria. En esos círculos, el indicador eficaz para ponderar el contexto nacional es el desempeño de los bonos y títulos de deuda argentinos en el mercado financiero internacional, antes que la información periodística sobre la economía argentina o las postulaciones oficiales.

 

Por Jorge Sánchez