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Opinión: Por una diferencia ética en las ofertas electorales

Por Jorge Sánchez

Columnista invitado

 

Las cúpulas partidarias chubutenses terminan el año procurando arreglos orientados a la preservación de sus elencos y cada aspirante se encarama hacia sus pretensiones. Esto ocurre al compás del gobierno provincial, que opera como el catalizador excluyente del proceso, y que; literalmente ha trastocado la competencia electoral imponiendo las condiciones que juzga más favorables a su interés.

Todo esto incluso, facilitado por el penoso final de sesiones del año legislativo. Mientras el oficialismo se avoca a la presentación del correlato provincial del denominado frente federal, el peronismo no oficialista pospuso sus definiciones por candidaturas. En última instancia, es la consecuencia de la pugna sobre el electorado que cada parcialidad pretende cautivo.

El radicalismo entretanto, cuya conducción se había ocupado semanas atrás de diferir la renovación de sus autoridades como respuesta a la iniciativa oficialista, apuró el paso ratificando su participación en Cambiemos y proponiendo un precandidato a gobernador. Casi lo propio hizo el PRO con una precandidatura a Intendente por Comodoro Rivadavia. La urgencia que se explica más por la ambición que por ninguna necesidad y mucho menos justificación, consumada por la obturación de su tratamiento último en Legislatura y hecha eco en todas las agrupaciones, relegó cualquier atisbo de participación ciudadana. Sin ella, el control sobre la dirigencia se limita, y cuando cada parcialidad ocupe su porción de poder distribuido electoramente, sus intereses y decisiones terminarán referenciados en el comportamiento corporativo del elenco político general antes que en las necesidades y expectativas del electorado que no lo controla. Final necesario, la distancia habitual entre decisiones públicas y ciudadanía.

Es así como se explican publicidades que tempranamente aparecen enfatizando cualidades personales y una pretendida proactividad de figuras políticas con aspiraciones electivas, pero nunca en alusiones a requerimientos sociales o alternativas de solución a problemas concretos.

Las manifestaciones individuales por la apetencia de determinados cargos tienen escasa justificación en la solución de problemas concretos pues representan muy débilmente a los interesados en resolverlos. Es el caso de borradores de programas de gobierno, concebidos por agrupaciones o fundaciones que se proponen contener una diversidad de complejos problemas que escapan a las capacidades convocadas de apuro.

Simplemente trasmutan serias e históricas necesidades de largo plazo en requerimientos estéticos de sus ofertas inmediatas, faltando el respeto a los desafíos de la época y al propio sentido común del ciudadano

que entiende que las complejidades por resolver exceden a los iluminados y deben atenderse colectivamente.

La ética puede operar como un sustantivo diferencial de las ofertas electorales en ciernes

 

Hacer resonancia cierta con la opinión pública y un amplio electorado harto de la vacuedad de la gestión pública, la recurrencia de los problemas y el silencioso deterioro de infraestructuras públicas es un imperativo de transformación. Supone abrir el juego franco a la participación ciudadana en lugar de sofocarla en acuerdos de oportunidad, habituales para todos los contendientes electorales hasta aquí.

La construcción de un diferencial ético en una propuesta electoral es un desafío de época

Por resonante con la expectativa de cambio en la opinión pública, puede aspirar a la innovación cierta del modelo de construcción de poder político y a la morigeración de las dañinas polarizaciones a la que nos hemos acostumbrado. Se trata de una construcción colectiva entre la ciudadanía, promovida por líderes referenciados en estos intereses, canalizada en los partidos políticos, antes que en los acuerdos cupulares de cada uno. A la recíproca, entraña disparar procesos de participación cuyo control no está claro, aun cuando a todas luces es lo que requiere la generación de alternativas para nuestras ciudades y región. Ese es precisamente el móvil de la resistencia en los elencos políticos por promover la participación en términos reales. Nuestro problema más importante a la vez que la oportunidad más grande, la imperativa necesidad por construir una diferencia ética en las ofertas electorales.