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Opinión: Poder político auto centrado. Contribución a las calamidades

Poder político auto centrado. Contribución a las calamidades.

Por Jorge Sánchez

Columnista

 

 

Puede decirse entre otras explicaciones que al menos desde 1983 los partidos políticos argentinos han funcionado más como vehículos de las aspiraciones de políticos profesionales y menos como centros de pensamiento programático, cuando su función en la democracia representativa es la de organizar las demandas y preferencias sociales hacia las decisiones públicas balanceando estas funciones para promover líderes capaces de articular programas de gobierno con alguna consistencia.

A lo largo de varias décadas ya, el desbalance ha redundado en onerosas improvisaciones ante la falta de programas consistentes, una pobre comprensión de la dirigencia acerca de los desafíos y complejidades por delante, un enfoque de corto plazo y una generalizada incapacidad por incorporar al adversario circunstancial en la agenda pública. En contraste, ha demostrado un claro comportamiento corporativo.

El ejercicio del poder está auto centrado en las propias demandas corporativas antes que las de la sociedad. Se manda a la sociedad civil en lugar de obedecerla. Esto es en esencia lo que ha consolidado un modelo de construcción de poder basado en el intercambio de caudal electoral de referentes sociales y sindicales por posiciones de influencia que ha devenido en una seria exposición a la parcialidad e improductividad de las agendas públicas. Incluso a la corrupción y la impunidad.
El poder político entendido como dominación ha contribuido a los resultados que leemos y vemos todos los días y que ciertamente entristecen. Son la consecuencia de asumir que los mandatarios son quienes han de proveer las soluciones. En contraste podemos asumir que el poder es la voluntad de ser y crecer de un colectivo social. En tal caso, los delegados ejercerían el poder obedeciéndolo y no mandando y articulando soluciones que en verdad representen aquella voluntad.

Tal parece el camino por delante, la maduración de colectivos sociales que promuevan mandatarios obedientes de la sociedad. Largo derrotero que comienza en cada cooperadora escolar, club social, asociación vecinal, cámara empresaria y municipio; como ensayo formas de construcción de poder obedeciendo la voluntad del colectivo.

Tantas calamidades podrían finalmente ponernos en camino de prácticas institucionales centradas en la acción colectiva empoderada y en control de sus mandatarios en sustitución del modelo de poder apropiado que ha resultado en tanta desolación.