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Opinión: “La paradoja social” por Enzo Valdez

OPINIÓN
LA PARADOJA SOCIAL
Por el Lic. Enzo Valdez

Nadie en su sano juicio puede negar o desconocer la gravedad de la crisis económica y social que atraviesa a todos los niveles y estratos sociales del País. Su crudeza, deja ver la cara más fea de nuestro ser, la incapacidad para superarla de una vez y para siempre. Una y otra vez nos encontramos en la misma situación sin importar año, década o siglo. Y como siempre, solo unos pocos serán los beneficiados. Como en las tragedias greco-romanas el resultado será inapelable, unos sufrirán y otros gozarán.

Para completar la tragedia, a la crisis tenemos que agregarle nuestros propios tormentos regionales, demandas que no reparan en los medios para alcanzar su fin, fin que aparece tan breve y lacónico ante la inmensidad del espanto que hemos generado y no queremos ver, EL YO ES MÁS QUE EL TODO. Ya no importa si el sector demandante tiene o no tiene razón, si tiene o no tiene el derecho, ya entregamos esa presea institucional hace mucho tiempo.
Todos, sin excepción, caminamos el día a día, sonrientes y sin decir una palabra, con los oídos bien cubiertos y los ojos bien cerrados. Es mejor esto que afrontar la realidad, es muy dolorosa, es muy vergonzosa. No importa el ámbito, cualquiera es lo mismo. La complacencia, la comodidad y el egoísmo son las características de estos tiempos.
Salvo pocas y honrosas excepciones, esta realidad hedonista se replica en el mundo del trabajo, no importa la actividad o el tamaño de la empresa, hemos resignado lo mejor que teníamos en nuestra genética laboral, la creatividad y la productividad. Ya nadie se interesa por saber si lo que se está haciendo está bien o está mal o si puede hacerse mejor. A nadie le importa si tal o cual proceso puede ser optimizado para hacerlo más eficiente. La vida laboral transita en silencio como evitando despertar. A lo sumo habrá un intento de mejora cuando algo se precipite o falle, y todos buscarán estar a cubierto.

La paradoja es esta: Estamos en crisis pero vivimos y trabajamos como si no hubiera crisis, porque no hacemos nada para superarla. NI en lo individual ni en lo colectivo, mucho menos en lo institucional.

 

En la medida que no hagamos algo para salir de este estado de aletargamiento general, no será posible romper el círculo vicioso y seguiremos repitiendo la historia de fracaso y mediocridad. Es necesario que abandonemos definitivamente la cultura del “más o menos”, debemos reemplazarla
por la cultura de la excelencia en todos los ámbitos. Debemos como sociedad exigir otra forma de
resolver los problemas, distinta a como lo venimos haciendo hace más de 50 años. Por una vez
démonos la oportunidad de hacer algo distinto. Probemos otra cosa, equivoquémonos pero haciendo algo distinto a lo de siempre.

Miremos a nuestro alrededor y veremos las miles de oportunidades que tenemos para eliminar el desempleo y la pobreza de manera sustentable, además de mejorar nuestra calidad de vida. Revisemos nuestro entorno laboral y veremos las incontables oportunidades para mejorar los procesos y hacerlos más productivos y rentables. Analicemos todo, desde la forma en la que contratamos personal, la carga horaria, la remuneración etc., etc. y descubriremos infinidad de oportunidades para mejorar la empresa y el clima laboral. No es necesaria ninguna reforma laboral, lo que se necesita es abandonar la administración del siglo XIX de una vez y administrar las empresas en forma ágil y moderna. Instalar nuevos valores empresariales que contagien e inspiren a su personal para dar lo mejor de sí. Así como los políticos y dirigentes de este País tuvieron, tienen y tendrán al mejor pueblo del mundo, pueblo que le puso el hombro a todos los gobiernos sin importar signo o color, sin problemas étnicos ni raciales, y que mansamente ha soportado todo, absolutamente todo, de la misma manera el empresariado cuenta con la mano de obra más calificada y la legislación acorde para poder crecer, desarrollarse y perpetuarse en forma local y nacional.
Es hora de comenzar, el tiempo pasa, el futuro no es hoy, comenzó ayer, ¿Qué estamos esperando?.