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Opinión: El pre requisito de la participación real

Por Jorge Sánchez 

Columnista invitado

Lo discutible en agrupaciones políticas que se precien de abiertas y plurales, es que sean las cúpulas aisladas de sus bases y de la opinión pública las que propongan candidatos, invocando de
manera discutible la unidad. Ello efectivamente resulta en el cercenamiento de la participación y finalmente en que la pretendida unidad se reduzca a la de los referentes relativamente aislados de sus bases. Antesala de la política hecha corporación.

En contraste, las administraciones municipales y provincial requieren de manera urgente cuotas importantes de participación y control sobre el uso de los recursos públicos y las decisiones del
estado en general. La participación activa y facilitada por los líderes sociales es el instrumento para reducir la enorme distancia entre las agendas de gobierno y la opinión pública, los contribuyentes y finalmente los electores.

Los procesos transparentes y que aseguren la representatividad de todas las parcialidades en la construcción política comienzan en los partidos, instituidos como vehículo de las demandas del
electorado en la democracia representativa, aunque sólo cuando pueden canalizarse de manera cierta. Los clásicos acuerdos cupulares en nombre de la unidad, hacen parecer al estado más a un
botín a conquistar que a un instrumento del desarrollo colectivo.