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Opinión: “13 de diciembre: Poco para celebrar y mucho para corregir”

Por Gastón Acevedo

 

 

A 111 años del descubrimiento del petróleo, podemos decir que, como sociedad, hemos desperdiciado muchas oportunidades. Hay poco para celebrar y mucho para reflexionar. Comodoro Rivadavia está en crisis: seguimos teniendo problemas con el agua (la que tomamos y la de nuestras costas), la planificación urbana es deficiente, los barrios crecen sin escuelas, sin centros de salud, sin espacios verdes parquizados, sin servicios, los precios de los alquileres y de los alimentos son los más altos del país. Esa ciudad pujante, moderna y ordenada que fue objeto de repetidos discursos no llegó nunca.

El peligro es que nos resignemos, que aceptemos que esta crisis es inevitable, que es lo normal, incluso, que nos identifica. “Las cosas siempre fueron así”, “Se hace lo que se puede”, “No estamos bien, pero se puede estar peor”, “Los políticos son todos iguales”, etc.

Jamás se aprovechó seriamente el beneficio de la renta petrolera para diversificar la matriz productiva. Continuamos atados a una mirada cortoplacista, al precio del barril de petróleo, a fluctuaciones financieras que no podemos manejar (aunque sí asumir que existen y seguirán existiendo). No vemos más allá, no hay un proyecto de ciudad plural, moderna y habitable a mediano y largo plazo. Los funcionarios que han desfilado en los últimos doce años por el Municipio no han hecho nada por ese futuro: se han dedicado a improvisar, a parchar, a realizar acciones demagógicas y a tomar la intendencia como el trampolín para la candidatura a la gobernación. Es el imperio de la mezquindad.

La escritora e investigadora Maristella Svampa le dedicó un capítulo a nuestra ciudad como ejemplo del “maldesarrollo”. En su libro “La Argentina del Despojo. Territorios, Extractivismo y Modelos de Maldesarrollo”, analiza Comodoro como un caso testigo. Asegura que “la avanzada extractiva produce una fuerte estructura de desigualdades así como la dislocación del tejido económico y social previo”. Y esto ocurre cuando no hay previsión, cuando no se utilizan los recursos para crear fondos de reserva y programas para los ciclos de crisis hidrocarburífera. El problema, claro, no es el petróleo, sino la mala gestión.

En estos días nos indignamos (y con razón) porque las playas no están “aptas” para bañarnos. Esto no sólo nos deja sin espacios públicos para disfrutar en el verano, también obstaculiza la pesca artesanal en la costa o el turismo. Yo denuncié la existencia de contaminación hace unos meses, pero las autoridades municipales no asumieron la situación. El ocultamiento de información también es una mala práctica política.

Nos hemos acostumbrado a las noticias de robos violentos efectuados por jóvenes y adultos que habitan nuestros barrios y viven en la marginalidad. El aumento de este tipo de delincuencia está asociado directamente al debilitamiento de la cultura del trabajo, a la falta de inversión estatal en la implementación de programas barriales que brinden capacitación laboral a los jóvenes y los apoye en sus emprendimientos productivos.

En fin, hay muchas cosas por hacer y cada vez son más porque es cada vez mayor el daño que, por desidia o por inoperancia, se está causando. Por eso creo que, más allá de los discursos de homenaje y de las gastadas promesas de un futuro mejor, este 13 de diciembre los comodorenses debemos pensar seriamente cómo construimos, de verdad, la ciudad que anhelamos.