opinion

La Brecha entre Anuncios y Gobernanza del Desarrollo. Por Jorge Sánchez

Por Jorge Sánchez, Columnista Invitado.

 

Hemos señalado junto a críticos lectores la condición de enclave del Golfo San Jorge en Patagonia Argentina, y a su diversificación de cara al futuro; como la resultante de los incrementos de productividad de las actividades extractivas y la atracción de capital privado a sus menguadas infraestructuras. Lo que otorgará sustentabilidad a la región en definitiva comentamos, es el crecimiento de sus exportaciones y la ampliación de los sectores en capacidad de hacerlo a mediano
y largo plazo.
Ciertamente es fácil coincidir en que la volatilidad cambiaria, la inestabilidad de precios y la estrechez de las opciones de financiamiento de nuestra coyuntura, no contribuyen al clima de negocios y menos a los horizontes temporales necesarios para imprimar cambios reales en la economía regional. Pero también hemos convenido en esta columna que ello no exime de la búsqueda de alternativas, y que el asunto exige participación activa y gobierno abierto, así como un enfoque más centrado en la creación colectiva que en las carencias de cada sector.

Entre otras cosas, las políticas orientadas a las iniciativas emprendedoras son un recurso útil, pero requieren de enfocarse en sectores con potencial de crecimiento real, que en nuestro caso no han dejado de ser las industrias extractivas, como lo sugiere con claridad el renovado debate minero. La
concurrencia de esfuerzos para estos sectores supone funciones de formación, información, financiamiento, aplicaciones tecnológicas como los más salientes bienes públicos a disposición de emprendedores y empresarios regionales por varios canales coordinados y no uno excluyente. La noción de ecosistema emprendedor, traspolación originalmente concebida para subrayar la inestabilidad y cambio de los entornos competitivos, posterior al análisis sectorial clásico; no obsta del desarrollo de funciones cuyas interrelaciones estén coordinadas por el acuerdo colectivo, como ha sido el caso de otras experiencias que optaron por alternativas distintas a las latinoamericanas.

Ello remite al concepto de gobernanza. Las complejidades, urgencias y riesgos asociados a las coyunturas de crisis y desafíos, aparejan la necesidad de combinar la representación habitual de los procesos de gobierno, con modalidades que responsabilicen al conjunto por las decisiones más importantes, recreen soluciones en la diversidad de perspectivas, y procuren el uso más efectivo de recursos públicos en la implementación de soluciones compartidas.

El bien público más importante a la mano es el propio conocimiento genérico de todos.

El punto es diseñar intervenciones en referencia a prioridades público privadas, el control social del ambiente, los recursos públicos y entre ellos, las transferencias, el financiamiento de nuevos proyectos, la adquisición de servicios, y el desarrollo de actividades científico tecnológicas convergentes con las transformaciones que efectivamente transita la región. A esta agenda suele denominarse Gobernanza, en un esfuerzo por señalar necesidades inéditas que exigen soluciones heterodoxas, pero siempre de sentido común.

La Gobernanza del desarrollo regional supone para la materia como mínimo, una configuración de poder y funciones distribuidas, desarrolladas en plazos medianos y largos, y la concurrencia de esfuerzos públicos y privados en procesos que, lejos de idílicos presentan avances, retrocesos, logros y desaciertos, solo posibles por una noción de liderazgo orientada al servicio, una sociedad civil activa y la consecuente factibilidad de acuerdos sostenibles en el tiempo.
El lector advertido, a la postre ciudadano y elector, entiende que los anuncios han de contrastarse contra indicios de operatividad cierta en la gestión de los asuntos públicos, pues en ella y no en las escenas es donde residen las posibilidades de cambio de nuestra región en el nuevo siglo.