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El futuro de la región es demasiado importante para dejarlo en manos de la política. Por Jorge Sánchez

El futuro de la región es demasiado importante para dejarlo en manos de la política

Por Jorge Sanchez, Columnista invitado

OK, …y ahora qué ? Disparó un lector tan informado como relacionado, cuando revisó el artículo
sobre la encerrona de nuestro enclave petrolero en la Cuenca del Golfo San Jorge de Patagonia
Argentina. Habida cuenta del repaso que hicimos, la pregunta que sigue es sobre la prudencia de
confiar nada menos que el futuro de la región, a la política. Lejos de tratarse de una consigna
arrogante, contestataria, o incluso subversiva, hay razones que exigen evaluar tal conveniencia.

La postulación de la teoría del desarrollo sobre el derrame de beneficios alrededor del sector
vinculado a la explotación de recursos naturales, no se comprobó. De hecho, no hubo
diversificación aunque sí, un serio deterioro del medio ambiente. De la misma manera, se produjo
el relajamiento de algunas regulaciones estatales y, como contracara; la generalización de hechos
de corrupción, en una gama que va desde lo que se llama corruptela menor, hasta la captura del
estado. Tampoco se verificó la hipótesis sobre el equilibrio macroeconómico como prerrequisito
del desarrollo promovido por la asignación espontánea de recursos económicos
Y es que la diversidad, la complejidad de los problemas que enfrentamos, y los intereses
pugnando, son exclusivos de nuestro caso. Por ello, no admiten el monopolio de la fijación de la
agenda pública por parte del estado, ni de un gobierno, un elenco político, ni de personalismo
alguno. En contraste, el desafío transformador de la región exige enormes cuotas de
transparencia, colaboración y participación en la gestión de los asuntos públicos, además;
sostenidas en el tiempo. La coparticipación ciudadana en las opciones de política pública, el aporte
de alternativas y la participación en la toma de decisiones finales, son el camino de la
sostenibilidad del esfuerzo de cambio.

Mientras el desarrollo es un proceso de mediano y largo plazo, que atañe a un enorme abanico de
intereses; las pugnas por el poder político están referenciadas en la inmediatez, la coyuntura, y en
intereses de los grupos dirigentes. La imagen de futuro se aparece más como un sobreactuado
recurso publicitario, que como una visión común a cultivar. Ciertamente, en la democracia
representativa, el organizador de las expresiones político ideológicas es el partido, y la
competencia electoral el modo legítimo de distribuir el poder. Pero, así como hemos de revisar
algunas de las nociones conceptuales más importantes para comprender qué pasa alrededor
nuestro, deberemos revisar algunas funcionalidades de nuestras instituciones.

La crisis de representación es un fenómeno generalizado en el occidente del nuevo siglo, pero remediable.

La caja negra del estado a veces insuficiente, otras veces arbitrario; puede superarse
con lo que se llama gobierno abierto. Práctica que los organismos multilaterales insisten en
difundir, y que pretende disolver la percepción de los ciudadanos por las actividades del estado
como desconcertantes, inaccesibles y remotas. Supone operativizar la transparencia en el uso de
recursos públicos, la rendición de cuentas a posterior de los actos administrativos, y la coproducción
de políticas y bienes públicos, entre sociedad y estado.
Es factible por el intercambio de información y comunicaciones expandido, propio de nuestra
época. Sin embargo, es bastante más que la publicidad de obras públicas, la actividad proselitista

de los candidatos en medios masivos y sociales, la digitalización de trámites, e incluso que la
recaudación fiscal en línea. Se trata esencialmente de disponer de los datos relativos al gobierno
como bienes de acceso público, para hacer efectivo el control social en el uso de recursos públicos,
promover la generación de alternativas de acción y el establecimiento de prioridades sociales,
para que órganos ejecutivos y legislativos los procesen con la celeridad propia de las
comunicaciones actuales.
Si los recursos sociales que posibilitarán la diversificación de las actividades económicas, han de
proveerlos los incrementos de productividad en los sectores con ventajas comparativas, y la
ampliación de las infraestructuras públicas; entonces el uso de los recursos públicos con esas
orientaciones es una responsabilidad compartida por toda la sociedad. No cabe que ningún sector
se desentienda de su aplicación. Ni que la vocación dirigente se alinee antes al poder, que al
servicio. Ni que el móvil de la actividad política sea otro que la institucionalidad de los acuerdos, y
no la exclusión del competidor.
La actualización de la agenda pública de cara al futuro de la región demanda un serio correlato en
el liderazgo. Si para el ciudadano y el contribuyente las decisiones públicas son inaccesibles,
ajenas o poco comprensibles, entonces es allí mismo donde tenemos una determinante
divergencia con los desafíos por delante en la región.

 

Por Jorge Sánchez. Columnista invitado