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Crisis, abundancia y decisión política. Por Gonzalo Calvo

Gonzalo Calvo es Licenciado en Ciencias Políticas de la U.N.P.S.J.B. y es Concejal por el FPV – PJ de Rada Tilly.

 

Conocida de sobra es la crisis fiscal, financiera y económica que vive por estos días nuestra provincia; también lo son sus múltiples efectos que, desde las cuentas públicas hasta la situación político-institucional, laboral y social, recuerdan a algunos los difíciles años de caída del precio internacional del barril entre 1997 y 2001. También como entonces las expresiones mediáticas y partidarias, sesgadas por intereses de corto plazo, atribuyen estos males a hechos coyunturales – la “megacausa” del Banco Provincia y otras yerbas ayer, hoy “el embrujo”- vinculados a la incapacidad y miserias de quienes circunstancialmente conducen los asuntos públicos, confundiéndolos según estas versiones con sus propios negocios particulares.

No voy a discutir acerca de la veracidad de estos hechos, en todo caso quienes en cualquier tiempo cometan tan deleznables conductas deben ser investigados y recibir un ejemplar castigo. Creo empero que las cifras atribuidas a estas defraudaciones no son suficientes para explicar el faltante que fuerza al gobierno a pagar en forma escalonada a los agentes de la administración pública, mantener a muchos proveedores del Estado en la dulce espera y reducir o paralizar la obra pública. Las razones de la crisis son más profundas, obedecen a características estructurales de la matriz productiva y de ingresos fiscales, mucho más que a hechos puntuales y de coyuntura. No investigarlas e intentar revertirlas nos hará correr el riesgo de repetir otro ciclo más, donde tras un par de condenas expiatorias y un cambio de signo político del gobierno, un período económico de bonanza permita sanear y recomponer el funcionamiento de las instituciones (Banco, ISSyS, administración pública, etc.), para que colapsen nuevamente cuando vuelvan las vacas flacas, con otro cóctel de déficit, endeudamiento, desempleo y la súbita aparición de nuevos casos de “corrupción” que en los buenos tiempos nadie parecía notar.

 

El mito de la riqueza

Producir mucho no nos convierte en ricos, a lo sumo en dueños (y esto es discutible) de importantes reservas de recursos naturales. Toda la economía de los últimos 200 años (industrial y posindustrial) se basa en el postulado de Adam Smith por el cual el origen de la riqueza de las naciones radica no en los recursos naturales que poseen sino en su trabajo acumulado, es decir en los “bienes de capital” que permiten transformar con mayor eficiencia y calidad esos recursos, agregándoles valor para dotar de mayores niveles de bienestar a la comunidad; a esto en la actualidad debemos agregar el conocimiento, en particular aquellos vinculados a nuevas tecnologías. Entiéndase bien, capital físico, máquinas y herramientas (el dinero o capital financiero no es un valor en sí mismo sino un mero signo de valor que facilita su transferencia). No somos una economía rica: Chubut nunca poseyó abundantes capitales, ni públicos ni privados, sólo ingentes reservorios minerales, la gran mayoría además explotados por compañías que remiten sus ganancias a otras plazas, y muchos otros sin explotar aún.

Como esta realidad económica primarizada y con escasos capitales aplica a toda la Argentina, disponer de esas reservas de hidrocarburos, si no nos convierte en una economía rica, sí trae niveles de prosperidad relativa tanto a la sociedad como al Estado si nos comparamos con otras provincias. La extracción petrolera por sí sola aporta un tercio del producto bruto geográfico provincial, pero en forma indirecta se puede estimar al menos un 60% por su efecto multiplicador en otros rubros: metalmecánica y otras industrias y servicios afines o proveedores, construcción privada, comercio, esparcimiento y turismo interior, etc. Las regalías aportan entre un 30 y 40% de los ingresos fiscales del Estado provincial; el resto se reparte entre coparticipación federal e impuestos de origen provincial (ingresos brutos, inmobiliario, sellados, cuya recaudación depende indirectamente de los niveles de actividad petrolera, por las razones antedichas).

 

Decisiones políticas

Fuera de la tentación de atribuir el agujero fiscal exclusivamente a hechos de corrupción y malas administraciones, que no por “obvios” son menos incomprobables y contrafácticos, los más liberales explican la crisis por una supuesta superpoblación de empleados públicos, en la que ven finalidades electoralistas. Digo supuesta por dos motivos. El primero, que muchos de los más de treinta mil ingresos que tuvo la administración pública entre 2002 y 2015 fueron en realidad incorporaciones a planta de agentes que se venían desempeñando bajo modalidades precarias (es decir, alejar un poco al Estado de la ilegalidad) y otros corresponden a genuino crecimiento de la presencia estatal en lugares antaño descuidados: parejas pedagógicas docentes, nuevos establecimientos escolares y sanitarios, más policía, más infraestructura y personal en comunas de fomento y poblaciones del interior, PetroChubut, vialidad, brigadas de control del fuego, etc. (en Rada Tilly concretamente, oficina de SEROS, Hospital Illia, Escuela 217…) No digo con esto que no sean revisables las incorporaciones ni que el solo aumento de la presencia estatal sea sinónimo de eficacia o calidad en sus prestaciones; sólo que la actual crisis no se explica por este crecimiento. El segundo motivo reafirma mi hipótesis: una crisis similar o más fuerte golpeó al Estado provincial entre 1997 y 2001, cuando contaba con la mitad del personal actual y era conducido por los nostálgicos desempleadores que hoy culpan del déficit al sobre-dimensionamiento. Eran años de bajos valores internacionales del crudo, como fueron al desatarse la presente situación, y la ampliación “sobredimensionada” del Estado (prefiero llamarla recuperación) se originó en gran medida y resultó perfectamente manejable entre 2007 y 2012, con precios del crudo similares a los actuales (oscilando entre 65 y 90 dólares el barril), no sólo cuando superó holgadamente los 100 entre 2012 y 2014.

Como dijimos, los ingresos del Estado provincial –tanto regalías como buena parte de los impuestos locales sobre otros rubros de la economía- están determinados por el nivel de actividad petrolera, la que a su vez depende de las decisiones de inversión de las compañías operadoras. Superado el piso de rentabilidad de alrededor de 54 dólares por barril (cifra que el Estado nacional vía subsidios garantizaba a las empresas hasta mediados de 2016 por razones de empleo y abastecimiento), pero sabiendo que nuestro crudo Escalante resulta menos atractivo en términos de relación costo-beneficio que los extraídos en otras cuencas del país y del mundo, se puede concluir que no basta con la recuperación del precio internacional para reestablecer números positivos en nuestra economía. En un mercado cada vez más desregulado, a tono con las políticas nacionales, la decisión de invertir aquí o en otras regiones queda librada al criterio empresarial, que como es lícito buscará las plazas más redituables; prueba de ello es que, pese a contar hoy con precios atractivos (potenciados además por la devaluación del peso y el mega-aumento de los combustibles), los niveles de inversión y empleo en la cuenca no se recuperaron. Es aquí donde es fundamental la presencia del Estado, exigiendo a quienes son concesionarios de la explotación de un recurso que es propiedad de todos y lucran con ella, tengan el compromiso de sostener niveles mínimos de actividad para que, junto con el legítimo lucro del privado, ganen también la comunidad y el Estado que lo cobijan (para eso tanto Nación como Provincia han aportado recursos propios para sostenerlos cuando el mercado por sí sólo era insuficiente).

He aquí las razones numéricas de la crisis, caída de recaudación tanto por regalías como por ingresos brutos y otros impuestos al comercio y consumo, deteriorados por el desempleo; crisis económica de la sociedad que impacta en las cuentas fiscales. La vía de solución no es el retiro del Estado sino la regulación y fuertes decisiones políticas; claro que muchas veces resulta más sencillo cortar el hilo por lo más delgado.